Cito de memoria una lectura de un libro que perteneció a mi abuelo, maestro nacional desde los años 30 (al que por cierto desterraron a Gran Tarajal en la guerra, por jugar al dominó con socialistas de carné...).
Nunca conocí a mi abuelo, pero sí sus libros, de historias, de "lecturas" con moralina, el Catón, la enciclopedia, cuentos de Calleja: los que precedieron a la guerra, y los de después, los que mi madre odiaba porque obligaron a mi abuelo a comprarlos con parte de su exiguo sueldo de maestro (ya se sabe el dicho: pasa más hambre que un maestro' escuela...), mermando por tanto la "capacidad adquisitiva" de otras cositas más alimenticias: los libros con la pedagogía del régimen franquista no se podían comer (eso sí que era régimen... - perdón, qué malo).
Ahí va sin más la cita; no sé su autor, no sé su procedencia. Da de sí bastante. Que la disfruten.
Una hora duerme el gallo,
dos el caballo,
tres el santo,
cuatro el que no lo es tanto,
cinco el agustino,
seis el peregrino,
siete el caminante,
ocho el estudiante,
nueve el caballero,
diez el majadero,
once el muchacho
y doce el borracho.
La delgada línea que separa nobleza o juventud de la mala vida o desidia...
domingo, 3 de agosto de 2008
Zoo-sociología de la de antes.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Cosas que me ponen de los nervios - 3
Arturo Pérez Reverte, especialmente:
- sus artículos de bilis-me importa un bledo-no tengo abuela-qué chulo soy-y el macho que más mea-pero modesno, oiga, viajado, refinado y asín, y de la RAE-yo sí que sé, que estudié en Radio ECCA-nenazas no-me gustan las mujeres me gusta el vino-tú cállate que no hiciste la mili como yo-valiente, apuesto y desengañado de la vida-jo qué churri-las mujeres sí que saben-mariconadas las justas-¿dije ya que estoy en la RAE?-viva el XVII y sus caenas-que les den a tós esos flojos: yo fui a la guerra, honor, metralla, y royalties-etc. etc. etc-huy, perdón: sus artículos de opinión,
- y La carta esférica (at the moment).
Continuará... o no. Ya es cansino.
Como dijo Lope, el tierno, loco, generoso, oh, yeah Lord, egoísta pero generoso Lope (mira que escoger el otro enterao' la batata (1)a Quevedo, genial pero cutre... sí, ya sé, la Historia, la época, la madre que lo trajo), "quien lo probó, lo sabe".
(1) Batata: Boniato. Ej. Qué ricas las truchas (= empanadillas fritas) de batata. ¿Compraste la batata para el sancocho? (canarión): mentira; batatoso: mentiroso. Ergo, enterao de la batata = falso sabio.
Nota (en realidad sería una entrada nueva, por lo larga que me quedó, pero me da pereeeeeza): ¡Estoy como gallina clueca - eureka, eureka! He puesto mi primer enlace a internet directo desde el post (¿cómo se llama eso, vínculo, hipervínculo, qué? -y luego critican el lenguaje de las sectas y de los SMS, no fastidien), el poema de Lopeeeeeee, (luego ya me envicié, y añadí más), ¡yo solita! Soy digna madre de mi hija. Hoy es día de descubrimientos, alborozos y alegrías, oé, oé, Europe is a Celebration, que diría la Rosa de España, sí, mujé, la de la primera edición de OT (ande andará esa muchacha; bueh, por lo menos se hizo la ortodoncia, ya quisieran otras).
En fin, Serafín, hoy es también día -o noche- de insomnio, de cansancio, de contracturas musculares, ahora me voy a mirar las ofertas de spa en google, hala. Eso sí que es digredir (que no está en el DRAE, pero debería, porque si de "agredir" es "agresión", de "digresión" debería ser *digredir, quod erat demostrandum, y dos piedras: ¡ya van cinco vínculos, cinco, qué vicio! Ahora comprendo esos blogs todos marcados en azulito (aaah, te engañé), es que es una tentación muy grande, ohmmmm, contención, contención...
Sigo *digregada, puf, y ya los vecinos están haciendo el café, me va a dar un paralís, o "un aire", como dice mi madre: -hija, no hagas muecas, que te va a dar un aire y te vas a quedar así... Así me quedé.)
viernes, 21 de marzo de 2008
Tarzán en Nueva York
PELÍCULAS DE AYER Y HOY
Qué diferencia hay entre las películas (y no pelis, como yo misma digo ahora, no sé si por influencia de mi hija de 8 años o de los chats -abreviar, abreviar...) que veíamos de niños y las que programan ahora en horario infantil. Y no lo digo sólo por la bazofia "adulta" de supuesto color rosa, o amarillo, que ven los niños españoles, ni los realities, las series sangrientas y sádicas "no aptas para menores de 13 años" (???? ¿aptas para quién?), etc., sino también incluso aquellos programas y films que se producen y ruedan específicamente para el público infantil.Antes sólo había películas para niños en la tele los sábados por la tarde; todo un ritual, después de ver la serie de turno (costumbre que ya me pilló mayorcita: ocho o nueve años, la edad ideal para coleccionar estampitas o cromos), fuera esta la lacrimógena Heidi o el pesado de Marco, o bien Mazinger Z y su Afrodita ("¡pechoooos... fueraaaa!"), o bien Orzowei, Nacida libre, yo qué sé.
La antigua TVE, la Uno, of course, (la UHF no llegó a Canarias hasta muuuy tarde) nos dio un cursillo acelerado de géneros o subgéneros fílmicos: si tocaba una de guerra, el aburrimiento estaba asegurado, igual que la mayoría de las del Oeste (aunque a mi padre, siempre tan terrorífico, le gustaba empezar a verlas para luego pasar al ronquido camionero versión diésel, con intermitentes vueltas a la conciencia en que preguntaba "qué ha pasado, qué ha pasado"... Recuerdo que a mi padre le gustaban especialmente las escenas de peleas en el bar, y las bélicas de mucho honor).¿Qué películas preferíamos en casa, de niñas, my sisters and I? Las históricas, y de aventuras, por supuesto (era imposible que fuera histórica y no de aventuras): aquellas de atrezzo inverosímil, bigotillo de Errol Flynn, mallas de Burt Lancaster con tupé, y peinados escultóricos, pechos de misil y labios carnosos de las protas... También las de piratas (qué rabia cuando salían los corsarios de Her Majesty la pelirroja semicalva hundiendo los galeones de los malvados españoles); las de fantasía tipo las Mil y una noches, con Simbad el marino luchando contra monstruos, o bien con sus decorados de tules y cien cestas caídas por el suelo entre burros y camellos en la persecución de turno; las basadas en novelas famosas, de Verne, o Moby Dick, rodada en Gran Canaria; La isla del tesoro de Stevenson; las bíblicas o asín, interminables y mil veces vistas, como Ben Hur, la Túnica sagrada, los Diez mandamientos... Y qué decir de los peplum, y por supuesto, las de romanos (casi siempre en la línea bíblica apuntada).
Pocas comedias, realmente, muy poquito humor explícito (mejor los diálogos chispeantes de los guionistas de la edad dorada de Hollywood), a diferencia de la línea que se da desde mediados de los 60-70 hasta ahora en las películas específicamente dedicadas a niños, protagonizadas por chiquitos, pedantes pandillas y estereotipos yankees que nos asombraban al principio pero que hoy reconocemos perfectamente: el "fracasado" gafotas, el inadaptado (nerd) listísimo, las animadoras tontitas y crueles, la chica poco agraciada pero de gran vida interior, los atléticos y descerebrados futbolistas del instituto o high school, etcétera. El engendro de Verano azul abrió las puertas nacionales a toda esa morralla extranjera que no tardó en instalarse tanto en el cine como en los televisores y lo que es peor, en la vida real.
Los programadores de TVE, en mi infancia, debían de tener un código en que estaban prohibidas las películas policiacas o de intriga, lo que ahora llaman thrillers (esas, por la noche, como el cine negro en general, no fuéramos a viciarnos con Boggie y la Bacall, o bien con alguna femme fatal de pulserilla en el tobillo y hombreras, o la perversa Bette Davis), las comedias románticas (mariconadas, las justas), y las pelis que mi madre llamaba "fuertes" (mamá sostuvo durante años, ya no tanto, aunque a veces vuelve por sus fueros, que las películas españolas y toda aquella extranjera rodada después de 1965 eran inventos disparatados de mentes libidinosas, que no tenían nada que ver con la realidad casta de la España que ella vivía). Ni Hitchcok, ni cualquier película que implicara mínimamente pensar. Menos mal que no nos quitaban la algarada salvaje de los hermanos Marx, ni musicales con la mula Francis (horreur), que los otros musicales, excepción hecha de El mago de Oz, y alguna parida del horrendo Mickey Rooney con la Garland (ah, y aquellas de La ciudad de los muchachos, qué edificante) eran más de mayores... ya se sabe, los enredos amorosos y los equívocos entre claqué y claqué...
En ese código de TVE se debía de considerar que a la infancia nos iban de maravilla, para nuestra educación sentimental, los puñetazos sin cuento y las borracheras salvajes, los indios despiadados y malísimos, y los hunos, los incendios, saqueos, y hasta las torturas de la II Guerra Mundial, incluido el puente sobre el Río Kwain, Operación Birmania, algunas de gángsters. En resumen: para unos "ideólogos" tan pacatos, resulta curioso comprobar que, excepción hecha de la perra Lassie y alguna más de Liz Taylor jovencita, rompiéndose huesos al caer del caballo, las niñas españolas nos tragábamos unas películas seleccionadas para los niños (varones, I mean) españoles. Eso sí que es igualdad. Repito: mariconadas, las justas.
Pero nos gustaban, oh sí, cómo nos gustaban. Antes del plasta de Garci. En realidad eran películas hechas para mayores, sólo que para adultos de hacía 30 ó 40 años. Y se ve que los adultos de hacía 30 años, en América, "esa desconocida", eran bastante infantiles. Los sistemas de valores eran claros, nítidos, reconocibles. Las películas, eficaces y muy didácticas, pero sobre todo entretenidas. Las películas que le gustaban a mi madre... Los héroes, guapos hasta el paroxismo, aunque muchas veces con cara de palo (ese Alan Ladd sin despeinarse, Robert Taylor enseñando siempre el mismo perfil -el iluminador debía de volverse loco-...); ironías, poquitas, que ni Clark Gable ni Cary Grant, ni siquiera James Stewart, se programaban para las tardes de los sábados. Y el excelso Gary Cooper que estás en los cielos, solo ante el peligro. Stewart Granger y sus entradas canosas buscaban las minas del Rey Salomón, mientras Paul Newman y Robert Redford, los iconos sexuales del momento, se reservaban para las sesiones de mayores (de Brando y sus rebeldías, mejor ni hablamos, por no mencionar a James Dean). El programador de TVE nos mimaba con cuidado de somelier: para los niños, ni una peli que no estuviera al menos 30 años en barrica.
De esas tardes de sábado, Tarzán-Johnny Weissmüller, fue epítome y bandera. Nos pirrábamos por las películas del campeón de natación. Nada que ver con las imitaciones posteriores (eso, como sucedió luego con James Bond: entre Sean Connery y Roger Moore, dónde va a parar). Y no sólo por el grito singular de Johnny ni por su blancura nívea luchando con el cocodrilo avieso (mi hermana la mayor para entonces ya llevaba pegadas en sus libros de griego del bachillerato las fotos de Mark Spitz, bigotazo y cuerpazo -mínimo slip con bandera americana, que ni las barras ni las estrellas le cabían...- donde los haya, junto a los retratos de un jovencísimo jugador holandés del F.C. Barcelona... adivinen cuál). Los porteadores esclavizados de sus películas nos legaron una expresión que cualquiera hoy reconoce como suya: YUYU-YUYU, gritaban aterrorizados cuando los blancos querían obligarlos, so pena de escopetazo en el abdomen (o en la espalda, en plena huida brazos en alto: esos desagradecidos "desertores"...), a penetrar territorios prohibidos por alguna maldición, cargados como burros y haciendo fintas por el borde del desfiladero mientras los exploradores anglos se abanicaban y espantaban mosquitos con el rifle, sin quitarse jamás el pañuelo del cuello, a juego con la cinta del salacot.
Yuyu-yuyu... Mi hija sólo ha visto trozos de la película de Tarzán de Walt Disney, en dibujos. Pero sabe perfectamente qué significa que algo te dé yuyu. Larga vida a Tarzán.




