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domingo, 9 de noviembre de 2008

Guárdame una cría – pleno del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife

Fuente: http://soyplastic.net/humor-el-gilipollas-de-la-semana/

No se lo pierdan. Por favor. Merece la pena verlo enterito, el vídeo (de 20 minutos – la publicación, oigan, no es que dure veinte minutos…)

Y como colofón, el "arcarde" Zerolo manda copiar 100 veces “me leeré los informes antes de firmarlos” a todos los políticos presentes (y futuros).

Qué fácil es ser político, diommío; nada que ver con los tiempos de Sagasta y Cánovas.
(Joder. Y cobra 800.000 ptas la tía. Móvil aparte. Glups.)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Yatá (toma memazo)

(Nota: léase con acento canario, aspirando eses finales)

Me propone Vitamorte

seguir con la peculiar

tarea de enumerar

lo que más feliz me hace:

bastará lo que me place,

y con eso me contento,

porque sería portento

hablar de felicidad,

cuando en la oreja la edad

me susurra ya el memento.



Pesimista como soy,

presa de mi contingencia,

no hace falta mucha ciencia

para poder deducir

que me cuesta más decir

"estoy bien" ante un saludo

que cantar ópera a un mudo

o protestar a un fakir.



Así pues, al tajo voy

para contar las seis cosas

que, si no me hacen dichosa,

me hacen menos desdichada:

saborear las chorradas,

chocolate para pijas,

ver el sueño de mi hija

y la tele hasta altas horas,

ser creatriz y leedora,

y el sexo

......................................... (aunque este rara vez rima, oigan).



Pensaba dejarlo así, como hizo Inuit, pero no: con el innoble deseo manifiesto de fastidiar, le paso el meme de los cuyons a Lirón, la Reina de la Miel, El Currante, Wodehouse, Neander (ande andará), y al ínclito Óscar Alonso.

Yo también los quiero :)

domingo, 17 de agosto de 2008

Estoy harta de ser buena: Así es la vida


ASÍ ES LA VIDA... THAT'S LIFE!





Estoy harta de ser buena: Así es la vida

Juro que quito la playlist. Y no me pude resistir al copiaypega. Gracias, Reina de la Miel.


Calendario oficial de Frank de 2008. Con un par.

(¿Qué tendrán los chicos malos...?)

Y de regalo... esta canción: "I've Got You Under My Skin" (perdonen que me derrito toaaaa) . Como creo que el vídeo de google está tonto, les pongo el enlace:
http://video.google.es/videoplay?docid=-5643915174956316&hl=es

viernes, 21 de marzo de 2008

Tarzán en Nueva York



PELÍCULAS DE AYER Y HOY

Qué diferencia hay entre las películas (y no pelis, como yo misma digo ahora, no sé si por influencia de mi hija de 8 años o de los chats -abreviar, abreviar...) que veíamos de niños y las que programan ahora en horario infantil. Y no lo digo sólo por la bazofia "adulta" de supuesto color rosa, o amarillo, que ven los niños españoles, ni los realities, las series sangrientas y sádicas "no aptas para menores de 13 años" (???? ¿aptas para quién?), etc., sino también incluso aquellos programas y films que se producen y ruedan específicamente para el público infantil.

Antes sólo había películas para niños en la tele los sábados por la tarde; todo un ritual, después de ver la serie de turno (costumbre que ya me pilló mayorcita: ocho o nueve años, la edad ideal para coleccionar estampitas o cromos), fuera esta la lacrimógena Heidi o el pesado de Marco, o bien Mazinger Z y su Afrodita ("¡pechoooos... fueraaaa!"), o bien Orzowei, Nacida libre, yo qué sé.

La antigua TVE, la Uno, of course, (la UHF no llegó a Canarias hasta muuuy tarde) nos dio un cursillo acelerado de géneros o subgéneros fílmicos: si tocaba una de guerra, el aburrimiento estaba asegurado, igual que la mayoría de las del Oeste (aunque a mi padre, siempre tan terrorífico, le gustaba empezar a verlas para luego pasar al ronquido camionero versión diésel, con intermitentes vueltas a la conciencia en que preguntaba "qué ha pasado, qué ha pasado"... Recuerdo que a mi padre le gustaban especialmente las escenas de peleas en el bar, y las bélicas de mucho honor).

¿Qué películas preferíamos en casa, de niñas, my sisters and I? Las históricas, y de aventuras, por supuesto (era imposible que fuera histórica y no de aventuras): aquellas de atrezzo inverosímil, bigotillo de Errol Flynn, mallas de Burt Lancaster con tupé, y peinados escultóricos, pechos de misil y labios carnosos de las protas... También las de piratas (qué rabia cuando salían los corsarios de Her Majesty la pelirroja semicalva hundiendo los galeones de los malvados españoles); las de fantasía tipo las Mil y una noches, con Simbad el marino luchando contra monstruos, o bien con sus decorados de tules y cien cestas caídas por el suelo entre burros y camellos en la persecución de turno; las basadas en novelas famosas, de Verne, o Moby Dick, rodada en Gran Canaria; La isla del tesoro de Stevenson; las bíblicas o asín, interminables y mil veces vistas, como Ben Hur, la Túnica sagrada, los Diez mandamientos... Y qué decir de los peplum, y por supuesto, las de romanos (casi siempre en la línea bíblica apuntada).

Pocas comedias, realmente, muy poquito humor explícito (mejor los diálogos chispeantes de los guionistas de la edad dorada de Hollywood), a diferencia de la línea que se da desde mediados de los 60-70 hasta ahora en las películas específicamente dedicadas a niños, protagonizadas por chiquitos, pedantes pandillas y estereotipos yankees que nos asombraban al principio pero que hoy reconocemos perfectamente: el "fracasado" gafotas, el inadaptado (nerd) listísimo, las animadoras tontitas y crueles, la chica poco agraciada pero de gran vida interior, los atléticos y descerebrados futbolistas del instituto o high school, etcétera. El engendro de Verano azul abrió las puertas nacionales a toda esa morralla extranjera que no tardó en instalarse tanto en el cine como en los televisores y lo que es peor, en la vida real.

Los programadores de TVE, en mi infancia, debían de tener un código en que estaban prohibidas las películas policiacas o de intriga, lo que ahora llaman thrillers (esas, por la noche, como el cine negro en general, no fuéramos a viciarnos con Boggie y la Bacall, o bien con alguna femme fatal de pulserilla en el tobillo y hombreras, o la perversa Bette Davis), las comedias románticas (mariconadas, las justas), y las pelis que mi madre llamaba "fuertes" (mamá sostuvo durante años, ya no tanto, aunque a veces vuelve por sus fueros, que las películas españolas y toda aquella extranjera rodada después de 1965 eran inventos disparatados de mentes libidinosas, que no tenían nada que ver con la realidad casta de la España que ella vivía). Ni Hitchcok, ni cualquier película que implicara mínimamente pensar. Menos mal que no nos quitaban la algarada salvaje de los hermanos Marx, ni musicales con la mula Francis (horreur), que los otros musicales, excepción hecha de El mago de Oz, y alguna parida del horrendo Mickey Rooney con la Garland (ah, y aquellas de La ciudad de los muchachos, qué edificante) eran más de mayores... ya se sabe, los enredos amorosos y los equívocos entre claqué y claqué...

En ese código de TVE se debía de considerar que a la infancia nos iban de maravilla, para nuestra educación sentimental, los puñetazos sin cuento y las borracheras salvajes, los indios despiadados y malísimos, y los hunos, los incendios, saqueos, y hasta las torturas de la II Guerra Mundial, incluido el puente sobre el Río Kwain, Operación Birmania, algunas de gángsters. En resumen: para unos "ideólogos" tan pacatos, resulta curioso comprobar que, excepción hecha de la perra Lassie y alguna más de Liz Taylor jovencita, rompiéndose huesos al caer del caballo, las niñas españolas nos tragábamos unas películas seleccionadas para los niños (varones, I mean) españoles. Eso sí que es igualdad. Repito: mariconadas, las justas.

Pero nos gustaban, oh sí, cómo nos gustaban. Antes del plasta de Garci. En realidad eran películas hechas para mayores, sólo que para adultos de hacía 30 ó 40 años. Y se ve que los adultos de hacía 30 años, en América, "esa desconocida", eran bastante infantiles. Los sistemas de valores eran claros, nítidos, reconocibles. Las películas, eficaces y muy didácticas, pero sobre todo entretenidas. Las películas que le gustaban a mi madre... Los héroes, guapos hasta el paroxismo, aunque muchas veces con cara de palo (ese Alan Ladd sin despeinarse, Robert Taylor enseñando siempre el mismo perfil -el iluminador debía de volverse loco-...); ironías, poquitas, que ni Clark Gable ni Cary Grant, ni siquiera James Stewart, se programaban para las tardes de los sábados. Y el excelso Gary Cooper que estás en los cielos, solo ante el peligro. Stewart Granger y sus entradas canosas buscaban las minas del Rey Salomón, mientras Paul Newman y Robert Redford, los iconos sexuales del momento, se reservaban para las sesiones de mayores (de Brando y sus rebeldías, mejor ni hablamos, por no mencionar a James Dean). El programador de TVE nos mimaba con cuidado de somelier: para los niños, ni una peli que no estuviera al menos 30 años en barrica.


De esas tardes de sábado, Tarzán-Johnny Weissmüller, fue epítome y bandera. Nos pirrábamos por las películas del campeón de natación. Nada que ver con las imitaciones posteriores (eso, como sucedió luego con James Bond: entre Sean Connery y Roger Moore, dónde va a parar). Y no sólo por el grito singular de Johnny ni por su blancura nívea luchando con el cocodrilo avieso (mi hermana la mayor para entonces ya llevaba pegadas en sus libros de griego del bachillerato las fotos de Mark Spitz, bigotazo y cuerpazo -mínimo slip con bandera americana, que ni las barras ni las estrellas le cabían...- donde los haya, junto a los retratos de un jovencísimo jugador holandés del F.C. Barcelona... adivinen cuál). Los porteadores esclavizados de sus películas nos legaron una expresión que cualquiera hoy reconoce como suya: YUYU-YUYU, gritaban aterrorizados cuando los blancos querían obligarlos, so pena de escopetazo en el abdomen (o en la espalda, en plena huida brazos en alto: esos desagradecidos "desertores"...), a penetrar territorios prohibidos por alguna maldición, cargados como burros y haciendo fintas por el borde del desfiladero mientras los exploradores anglos se abanicaban y espantaban mosquitos con el rifle, sin quitarse jamás el pañuelo del cuello, a juego con la cinta del salacot.


Yuyu-yuyu... Mi hija sólo ha visto trozos de la película de Tarzán de Walt Disney, en dibujos. Pero sabe perfectamente qué significa que algo te dé yuyu. Larga vida a Tarzán.



Hondo misterio el paripé


Una de las etiquetas (y siguen las etiquetas dichosas...) de este blog es la frase que se lee de título en esta entrada, o artículo, o post, o como se llame: "hondo misterio el paripé".


La frase se debe a la protagonista de La tesis de Nancy, publicada por Ramón J. Sender en 1969, una novela divertidísima que recomiendo a los que no la hayan leído. Nancy, estudiante americana de español, viene a pasar una temporada a Sevilla, y coincide allí con otras amiguitas... y con un seductor gitano (la verdad, no sé si me estoy inventando el argumento porque leí la novela hace como 20 años o más y me da pereza corroborar lo que digo). El caso es que la trama se basa en el principio, que diría mi ex, de la peli Tarzán en Nueva York, al igual que Pigmalión, de Bernard Shaw, o las Cartas marruecas de Cadalso, y tantas otras obras precedentes y posteriores, verbigracia la hilarante y a su pesar (?) desfasada Sin noticias de Gurb de mi amado Eduardo Mendoza (según decía mi ex, hasta el insufrible "flin" Pretty Woman, con el ojijunto Gere y la bocazas Roberts): la comicidad estriba en colocar un personaje ajeno a una cultura y lenguaje convencionales y ver tanto sus reacciones ante este enfrentamiento cultural como las de los lugareños. Vamos, Tarzán en Nueva York. O lo que es lo mismo, el recurso de poner nuestra cotidianeidad al descubierto a través de los ojos inocentes de un extraño.


Nancy, o su amiga, que ya no me acuerdo, intentaban confraternizar con los españolitos, para más señas andaluces, con su castellano académico, y tropezaban con expresiones como "ángel", "duende", pero sobre todo "paripé", que dio lugar a la reflexión de la anglosajona, en su chapurreado español: "hondo -por 'profundo'- misterio el paripé". Que no lo pillaba, vamos, qué era el dichoso paripé, o hacer el paripé...


Como tiempo ha mis hermanas, mi madre y yo solíamos devorar los mismos libros, bien comprados o prestados de la biblioteca, y somos aficionadas a los juegos de palabras y a forjar un idiolecto común, valga la paradoja, un idioma familiar o casi tribal a base de referencias tomadas de aquí y de allá, de experiencias comunes, de vivencias, ocurrencias de los primeros nietos de mi madre, modismos canarios que oímos a nuestra madre o a nuestras tías abuelas, anécdotas apócrifas de personajes pretéritos, la mayor parte de las veces descontextualizadas y por tanto incomprensibles para foráneos (sé que no es un fenómeno único sino abundante en familias de todo tipo, sea de alta o baja cuna ;-)), pronto la frase de marras se convirtió en expresión inexcusable en nuestras conversaciones para referirnos a aquello que nos causaba extrañeza, o parecía inexplicable. Ante una situación así, sólo quedaba mirarnos, encogernos de hombros y pronunciar la fórmula mágica: hondo misterio el paripé. Una frase definitiva: no indagues, no te estrujes las meninges, es un arcano insondable...


De la novela La conjura de los necios, por ejemplo, nos adueñamos de la expresión "barrido joven" ("Si quiere un barrido silencioso, contrate a una vieja", decía el personaje del negro contratado por cuatro duros para limpiar la vieja boîte), y mi madre nos regañaba por la extrema juventud de nuestros barridos matutinos, que no cumplían las exigencias de su baremo de barridos homologado por la UE y la Real Asociación Honorífica de Mayordomos del Reino Unido, al parecer. De la misma novela, mi hermana V. se adueñó de su frase preferida (he de decir que V. es feroz combatiente-militante contra la pereza, por lo que YO la pongo a ella de los nervios): "¡Sal de esa cama, Ignatius!"


En otra entrada me dedicaré a reseñar el "Listado de frases del idiolecto tribal-familiar" (exclusivamente femenino), con su etimología u origen y sus variadas aplicaciones en la conversación cotidiana; eso, si no me vuelve a dar un ataque perezoso agudo.


Para terminar, de mis cuatro hermanas (yo soy la quinta) todas más o menos intuyen cuándo se puede desbarrar alegremente en confianza y cuándo el auditorio se te queda con cara de póquer (es difícil, es difícil...), pensando seguramente que nos falta un hervor o que hemos ingerido sustancias nocivas; pero mi hermana C. se complace, no sé si inocente o malévolamente, en desconcertar a las personas con las que habla, sea cual sea la situación comunicativa, y no para de incorporar modismos sui generis a su ya extensísimo idiolecto. Vayan desde aquí mi recordatorio y mis ánimos para la alumna de intercambio londinense de 13 añitos que tuvo C. durante una semana en casa: angelito, qué habrá pensado de la lengua castellana, qué habrá aprendido, cuántas llamadas habrá hecho a su casa (Mom, they all are crazy!!), hondo misterio el paripé, aunque eso sí, unos kilitos habrá cogido, que vino flaca como un guirre (1) y mi hermana no sólo cocina de muerte, sino que disfruta alimentando a deshoras a personas y bestezuelas varias.



(1) Guirre: (canario) pájaro flacucho


NOTA: más información sobre la novela La tesis de Nancy, incluido el vocabulario, en http://personal.telefonica.terra.es/web/aus/guias/sender.htm